«La zona rural expulsa población porque ni extraemos de ella el valor añadido suficiente ni creamos actividades nuevas». Ignacio García-Arango, ingeniero de caminos, canales y puertos, exjefe de la Demarcación de Carreteras del Estado y presidente del Foro Jovellanos, abría ayer de esta manera el XXV Seminario Gerardo Turiel, organizado por el despacho Mijares Abogados y que en esta edición dirige el foco hacia el mundo rural. Y sobre el campo asturiano, el futuro de la actividad agraria y el peligro de la despoblación versó una conferencia en la que García-Arango entabló paralelismos entre la Asturias actual y la de Jovellanos.

«Si Jovellanos mirase la Asturias de hoy vería que, en valor absoluto, no nos parecemos en nada», pero, salvando las diferencias, la actual despoblación y la insuficiencia de tierras «por el abandono de muchos que las dejan estériles» se produce «en una atmósfera parecida a la de su época, de proliferación de leyes inútiles y perjudiciales, burocratización, ausencia de un pensamiento territorial global, falta de infraestructuras y necesidades de servicios», comparó. A juicio del presidente del Foro Jovellanos, es necesaria una política agraria, «porque no la hay», y una nueva reforma agraria que quite las tierras a las ‘manos muertas’ -tanto la administración como la gente que abandona los pueblos para instalarse en las zonas urbanas- «para ponerlas en producción». Planteó más medidas: modificar el modelo administrativo «para que no haya trabas sino facilidades»; que las autorizaciones sean rápidas; las subvenciones, «solo a quien las multiplique»; que la normativa sea «la mínima razonable» y los impuestos, «siempre adecuados, trasparentes y esperables».

La explotación del medio rural, prevé García-Arango, irá indefectiblemente ligada a las nuevas tecnologías, principalmente de la comunicación y la información. «La revolución tecnológica va a transformar el mundo agrícola», aseguró. Pero para ello, es necesario garantizar «un servicio universal de banda ancha y una cobertura de telefonía móvil en todo el territorio». A su juicio, más importantes que las infraestructuras físicas.

En el campo habrá una revolución tecnológica y también, biológica, sobre todo relacionada con la genética. «Se va a hacer una agricultura distinta, en la que se seleccionarán y manipularán genéticamente plantas y animales». Pero eso requiere formación e incorporar mano de obra «joven y cualificada». Porque «El agricultor del futuro tendrá que ser un profesional que sepa manejar maquinaria, pero que también tenga conocimientos de informática, robótica, química o biología».

Fuente: El Comercio