En el transcurso de las V Jornadas de Juntas de Gobierno de los Colegios de Abogados de España, celebradas en Pamplona el mes de junio de 2009, se mostró una seria preocupación ante la incertidumbre que provocaba el retraso en el desarrollo reglamentario de la Ley 34/2006, de 30 de octubre, sobre el acceso a las profesiones de Abogado y Procurador de los Tribunales que podía poner en grave riesgo el de ésta, cuando apenas faltaban dos años para su entrada en vigor y cuando, además, estaba pendiente un recurso de inconstitucionalidad presentado por la Generalitat de Cataluña. Este retraso podía hacer, entre otras cosas, que no hubiera tiempo suficiente para que Universidades y Escuelas de Práctica Jurídica pudiesen acomodar sus programas y organización a la nueva reglamentación.

La Junta de Gobierno del Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo era consciente de que, cualquiera que fuese la normativa que finalmente se estableciera, sus colegiados se verían obligados al diario esfuerzo de adecuar sus conocimientos. La ciencia y la técnica jurídica no son conceptos petrificados, antes bien, la experiencia diaria y la formación continua, por la permanente y viva realidad de nuestro ordenamiento jurídico, les obliga a una perenne actualización.

En definitiva, la Junta de Gobierno era consciente de la necesidad constante de disponer de información actualizada a nivel legislativo y jurisprudencial, para poder ofrecerla de manera inmediata, tras cada reforma, a los abogados de esta Corporación.
En este marco, superando fórmulas que se habían revelado insuficientes, cuando no habían quedado absolutamente obsoletas, don Fernando Castro González y nuestro actual Decano, don Ignacio Cuesta Areces, concibieron la idea de crear un Centro de Estudios Jurídicos, que fijaría entre sus finalidades dar pleno cumplimiento a la labor formativa, proporcionando conocimientos teóricos y prácticos necesarios para el mejor ejercicio de las actividades propias de la Abogacía, así como promocionar la formación permanente de Abogados y Abogadas, mediante la organización de seminarios, jornadas monográficas, cursos especializados y cualesquiera otra actividad de ámbito cultural y formativo, en definitiva había concebido una auténtica Escuela de Abogados.
La Junta de Gobierno, en sesión celebrada el 22 de abril de 2009, aprobó este ilusionante proyecto, que respondía a una de las demandas más arraigadas en nuestro colectivo, largamente reivindicativo en solicitud de una formación continua, sistematizada y de calidad, como herramienta imprescindible para un ejercicio profesional adecuado.
Pero han sido don Fernando Castro González, como Director, y don Ignacio Cuesta Areces, como Coordinador General, quienes han sabido darle contenido y han conseguido que en poco más de seis años consolide plenamente su propuesta formativa, integrada no solo por las ya coloquialmente denominadas “conferencias de los jueves” -grabadas y subidas a la página web para quienes por cualquier razón no pueden asistir- sino por múltiples actividades de formación de la más variada naturaleza.
Como es obvio, llevar a la práctica una iniciativa de estas características ha requerido la complicidad y colaboración de quienes han estado dispuestos a compartir con el resto sus conocimientos y experiencias, no solo asistiendo a las actividades, sino participando activamente en ellas, proponiendo asuntos, impartiendo ponencias, organizando jornadas. Implicándose en definitiva en una aspiración colectiva irrenunciable a la que don Fernando ha conseguido que se unieran, de un modo u otro, más siempre con gran acierto.
Actualmente el Centro de Estudios Jurídicos del Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo es un punto de referencia capital para nuestro colectivo donde poder formarse profesionalmente y favorecer actitudes tan importantes como la tolerancia, la asertividad, la habilidad dialéctica, la capacidad de admitir los errores, de tolerar las frustraciones y un largo etcétera.
Lamentablemente don Fernando Castro González desea abandonar la primera línea de su creatura y, muy a su pesar, la Junta de Gobierno está resignada a aceptar su deseo. Ahora bien, sería injusto que nuestro colectivo no reconociera públicamente su dedicación, siempre desinteresada, y su denodado esfuerzo, en todo momento gratuito. Sin olvidar su intensa participación en la vida colegial durante más de tres décadas.
Por todo ello, estimando que concurren en su persona méritos extraordinarios tanto en el servicio a la Abogacía, en general, como al Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo, en particular, beneficiando a todo evento el ejercicio de la profesión, se considera a don Fernando Castro González merecedor de la Medalla al Mérito del Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo, proponiendo a la Junta de Gobierno acuerde su concesión en acto público y solemne.
Considerando que el expediente haciendo constar los méritos contraídos por el propuesto se deberá entender integrado con los del propio Centro de Estudios Jurídicos del Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo que obran en esta Corporación.